En estos tiempos de desafección política, cae en mis manos un libro de hace años. Uno de aquellos que te va quedando pendiente de leer no sabes muy bien por qué. Se trata de ‘Hay algo que no es como me dicen‘, un gran trabajo de Juan José Millás que relata ‘el caso de Nevenka Fernández contra la realidad’.

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“Es la historia de una mujer sensata que cuando se dio cuenta de que todo lo que le habían contado era mentira, fue al juzgado, denunció los hechos y lo puso todo patas arriba. La mujer, que se llama Nevenka Fernández, dejó de ser sensata el 26 de marzo de 2001, fecha en la que dimitió como concejal de Hacienda y Comercio del Ayuntamiento de Ponferrada (Galicia) y denunció por acoso sexual a su alcalde, Ismael Álvarez”.

Leer esta historia no es sólo leer un libro bien escrito. Y buscar en la hemeroteca cómo se contó el caso, no es sólo un ejercicio de memoria histórica. Recordar el caso de Nevenka Fernández es golpearte con la cruda realidad: a pesar de que, tras un juicio en que Nevenka recibió un trato asquerosamente vejatorio, el alcalde Ismael Álvarez fue condenado por un delito de acoso sexual; a pesar de esto, no se hizo justicia.

No se hizo justicia porque mientras a Nevenka le era imposible volver a encontrar trabajo en España (¿quién querría contratar a una mujer que denuncia a su jefe?), Ismael Álvarez siguió haciendo sus negocios en Ponferrada y siendo un hombre público “respetable”. La sociedad condenó a la víctima.

Hace ahora exactamente 6 años, en noviembre del 2003, la justicia y la política volvieron a decirnos que nada sigue la lógica que uno se imagina. “El Tribunal Supremo confirmó la sentencia contra Ismael Álvarez por acoso sexual pero le rebajó al multa impuesta en primera instancia al considerar, increíblemente, que entre un alcalde y una concejal no existe relación jerárquica alguna y que, por lo tanto, no se había dado el agravante de abuso de autoridad”.

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