La censura, en China, no cesa. A dos días del vigésimo aniversario de la masacre de Tiananmen, el Gobierno chino ha bloqueado Twitter y Hotmail. Así, la red de micro-blogging y el servicio de correo electrónico se añaden a la lista de otras tantas webs y aplicaciones vetadas. Youtube, Blogspot, Wordpress… y hasta Google sufre limitaciones.
Si la intención es borrar lo sucedido aquel trágico 4 de junio de 1989, dudo que lo consigan. En la retina de toda la comunidad internacional permanece la imagen de aquel joven de pie frente a un tanque impidiendo su avance. Quizás desde China no podrán buscar la famosa foto en Google o describir en los 140 caracteres de Twitter lo que se siente 20 años más tarde, pero se encontrarán nuevos caminos y la memoria de las víctimas permanecerá viva.
A continuación, y para conmemorar el vigésimo aniversario de las manifestaciones que acabaron en masacre, un artículo: La matanza de Tiananmen (publicado en la Comunidad Hemeroteca de La Vanguardia)
La matanza de Tiananmen
A finales de los ‘80, el descontento en China era generalizado. Las reformas económicas habían conducido al país a una inflación desproporcionada y a un desempleo alarmantemente en crecimiento, y la represión ‘in crescendo’ de un Partido Comunista cada vez más manchado de corrupción había llevado al pueblo al límite de la sumisión.
Sólo hacía falta una chispa para que se iniciaran las protestas. Y esta chispa fue el anuncio de la muerte del dirigente Hu Yaobang.
“La muerte del dirigente condenado al ostracismo por sus veleidades reformistas durante la última gran convulsión china de 1986-1987, ha desencadenado el descontento latente en China once años después de que Deng Xiaoping, el indiscutible “hombre fuerte” del posmaoísmo, iniciara la segunda revolución - explica la editorial de La Vanguardia del 20 de abril de 1989- “El aparente duelo por Hu Yaobang es el estallido abierto de un descontento provocado por el estancamiento experimentado tras las expectativas provocadas por el proceso de democratización que precedió al proceso de cambio inaugurado en la Unión Soviética”.
Y el pueblo salió a la calle. A partir de aquel 15 de abril, periódicamente las “manifestaciones de estudiantes” - así las llamaba la prensa- ocupaban el centro de Pekín y tomaban la plaza Tiananmen como principal punto de encuentro. El entonces president de la Generalitat, Jordi Pujol, vivió de cerca una de estas protestas. Ese día, la policía y manifestantes protagonizaron “duros enfrentamientos”, de los que Pujol salió ileso y pudo regresar contento a casa. Él había ido allí a firmar “importantes acuerdos entre industrias catalanas e industrias chinas” y el objetivo se había cumplido con éxito.
Un pueblo en la calle
Abril y mayo se sucedieron entre continuas protestas populares. Los manifestantes pedían al anciano Deng Xiaoping que se retirara. La larga permanencia del dirigente en el poder se comparaba ya con la incombustibilidad del Mao de los ‘70 y se culpaba a la vejez de las cúpulas directivas del estancamiento del país.
Y en ese contexto, Gorbachov visitó el país. “La primera cumbre chino-soviética en treinta años se inició en Pekín en circunstancias bien distintas a las previstas”- describe la editorial del 16 de mayo- “Los estudiantes, en una especie de ‘mayo chino’ vitorean al joven Gorbachev”. Y es que esa fue la tónica de estos días: aplausos para Gobachov y gritos contra Deng.
La crisis interna de China oscureció la histórica reconciliación. “La tercera jornada de Gorbachev en la capital china estuvo caracterizada, como en días anteriores, por la alteración del programa” - describe la crónica del día 18- “El secretario general del PCUS no pudo visitar la Ciudad Prohibida y tuvo que trasladar dos de los actos del día a su residencia oficial. ¡Deng, retírate! fue uno de los gritos más coreados”
Ante la magnitud que estaban tomando las protestas, el Partido Comunista tuvo que plantearse cómo actuar. Hubo división de criterio, pero ganó la posición de parar aquello por la fuerza. El día 20 de mayo, se declaró el estado de emergencia y los soldados salieron a la calle.
Empezaron, entonces, días de mucha tensión. El Ejército ocupaba las calles pero los manifestantes no se acobardaban. De hecho, las miles de personas que seguían manifestándose pidieron a los soldados que se sumaran a la concentración. Y hubo un momento en que medio les convencieron. “El Ejército chino confraterniza con los estudiantes y se muestra reticente a desalojar Tiananmen”, era el titular del día 23.
Pero aquella situación, la de estudiantes fabricando estatuas de libertad en medio de la plaza y de miles de personas pidiendo la disolución del Gobierno, no podía durar. Al final llegó la orden: desalojar a cualquier precio.
La noche en que el Ejército dejó de ser el pueblo
El día 3 de junio miles de soldados chinos ocuparon el centro de Pekín dispuestos a desalojar a los cerca de 10.000 manifestantes que seguían en la plaza. Todo indicaba que el desalojo iba a ser duro, pero nadie sabía que se avecinaba una brutalidad tal que el nombre de Tiananmen quedaría para siempre inscrito en los anales de la historia.
Si bien los manifestantes ya habían conseguido parar a los soldados en dos ocasiones, “no hubo una tercera humillación“. La noche de aquel fatídico 3 de junio, tal y como tituló La Vanguardia, el Ejército dejó de ser el pueblo. A pesar de que hubo soldados que se negaron a disparar contra la población, otros sí lo hicieron.
“El Ejército de Liberación Popular entró finalmente a las dos y veinte de la madrugada en la plaza, ‘para reestablecer el orden y terminar con el caos’, según los dirigentes chinos. En el camino, entre 40 y 70 personas resultaron muertas por disparos de bala, una cifra que aumentará con toda seguridad a medida que se tengan más noticias” - narraba el periodista Joaquín Luna desde Pekín. Él fue testigo de aquella noche de caos, infierno y represión: “Entre una y cuarto y dos de la madrugada, este periodista vio entrar a 52 jóvenes con heridas de bala. Siete parecían muertos. Todos debían oscilar entre los 18 y 25 años, una edad prematura para morir como un perro en una noche trágica que nadie olvidará en Pekín”.
Según Luna, todo empezó así: “Previamente a la entrada de las tropas, la megafonía oficial instalada en la plaza recordaba que ‘el Ejército está en su derecho de hacer cumplir la ley marcial. Retírese de la plaza’. Era la eterna canción de las autoridades desde que el día 20 de mayo, Li Peng anunció con gesto de autoridad que ‘Pekín era un caos y el orden debe ser reestablecido’. Desde entonces habían ‘perdido la cara’ pero podían seguir presumiendo de comprensión y tolerancia ‘El Ejército es del pueblo, nunca abrirá fuego’, nos dijo orgullosamente nuestra fuente. Hasta que anoche decidió que algunos de estos jóvenes, ‘manipulados por un puñado de gente con motivos ulteriores, debería de quedarse con los ojos de cristal, como el trabajo chapucero de un mal taxidermista”.
La crónica del día 5 ya habla de más de 2500 muertos e insinúa que el “Ejército podría haber quemado cadáveres para aminorar el número de muertos”.
Y luego, el caos se apoderó del país. Miles de chinos salieron a la calle en protesta por la violencia y hubo quien gritó “¡sangre por sangre!”. En todo el país, choques entre pueblo y soldados terminaba con muertos. Imágenes como la del cuerpo quemado de un soldado colgado en una calle de Pekín o las de la represión policial en la ciudad de Chengdu que se saldó con 300 muertos, definen la China de aquellos días.
Una memoria silenciada
Los hechos de Tiananmen, aunque se hayan intentado borrar por todos los medios, siguen presentes en la memoria china.
Cuando en Pekín, las manifestaciones empezaron a tomar fuerza, varios medios de comunicación occidentales se encontraban en la ciudad para cubrir la visita de Gorbachov y pudieron narrar al mundo el desarrollo de las protestas. Luego de la fatídica noche del 3 al 4 de junio, no obstante, el gobierno chino impidió cualquier cobertura. Expulsó a los periodistas extranjeros y controló a los suyos.
Todavía hoy el Gobierno chino sigue censurando. En enero del 2006, por ejemplo, llegó a un acuerdo con Google por el que se restringían las búsquedas de información en la web china del portal sobre la masacre. Y a dos días del vigésimo aniversario de la matanza, otras aplicaciones como Twitter o Hotmail fueron bloqueadas.
No obstante, poco a poco, vamos sabiendo más. Hace poco, a mediados del presente mes de mayo, salieron a la luz las memorias póstumas de Zhao Ziyang, uno de los líderes del Partido Comunista chino que se opuso a la matanza. Ziyang, el fatídico 3 de junio, intentó avisar a los manifestantes de lo que estaba a punto de ocurrir. Quizás su versión de lo ocurrido contribuya a esclarecer los interrogantes que siguen abiertos.


