El agosto pasado, Perú tembló. Los medios nos volcamos a contar cómo de mal estaba gestionando la tragedia el gobierno peruano y cómo de buenos éramos los países del primer mundo que les mandamos víveres y consciencias tranquilas.

Luego los olvidamos, Perú volvió al silencio mediático que le pertenece.

Nos reacordamos de ellos la semana pasada; el día en que se cumplían los seis meses del terremoto.
Y fue entonces cuando contamos eso:

 

  • Que la situación, para la inmensa mayoría de la población afectada, sigue pudiéndose definir con dos palabras: caótica y difícil.
  • Que seis meses después de que el seísmo de 7′9 grados en la escala de Richter destrozara el sur del país, todavía no han empezado las labores de reconstrucción de las zonas más afectadas.
  • Que las ayudas que el gobierno de (QUI) tenía que canalizar jamás llegaron y que las indemnizaciones que las familias tenías que recibir por haber perdido sus casas tampoco. No hay catastro, nadie puede decir ‘esta casa era mía’ porque no hay papeles que lo demuestren.

Y cuando terminamos de contar eso - que yo también lo conté para La Vanguardia.es- volvimos a apartar la mirada, que hay otros temas que contar


En esta entrada no hay comentarios. Añade el tuyo.