El 29 de agosto del 2005 el huracán Katrina golpeó Nueva Orleans. “Quizás sea el mayor desastre natural en la historia de Estados Unidos”, define la Wikipedia. Pero lo cierto es que si preguntas a la gente, contradicen esta definición. “Aquello no fue un desastre natural”, te dicen. “Una ciudad construïda bajo el nivel del mar no puede estar protegida del embaste del agua por unos diques endebles”, acusan.
La fuerza del Katrina rompió los diques que separan Nueva Orleans del Lago Pontchar y aquello fue mortífero. “Todo se convirtió en mar”, explican los que lo vieron. La ciudad quedó sumergida prácticamente en su totalidad y murieron miles de personas.
“Luego todo fue caos”, añaden. No había nada y los supervivientes empezaron a saquearlo todo en busca de agua y de comida. Y armas. “La desesperación convirtió la ciudad en una ciudad sin ley”.
Los equipos de rescate no llegaron hasta cinco días más tarde. “¿Cómo se vive una semana en el tejado con parte de tu família muerta y tus niños llorando de hambre?”, se preguntan todavía con una oscura sombra en los ojos.
La ayuda económica del Gobierno- la poco que llegó- tardó años. “Años”, y menean la cabeza.
Ahora el French Quarter vuelve a ser jazz en las calles y turistas por doquier. Pero hay barrios que siguen parcialmente abandonados y con casas sin techo. Y queda siempre aquella sombra en la mirada de quienes vieron.
* las citas son partes de dos conversaciones; una con un hombre que tocaba la trompeta al lado del río, la otra con la mujer taxista que me llevó al aeropuerto
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