Doña Francisca enciende su vela y su vela dibuja formas bailantes en su cara. Suele sentarse un rato delante de su casa antes de acostarse. A veces se le acerca alguna de sus nietas, o alguna de sus hijas (que a veces se confunden; en las familias de Huacut hay sobrinas mayores que tíos y tías que a los 15 años ya son madres), y a veces se queda ella sola, “sin dejar de pensar, con la cabeza siempre encendida”.
Su pelo húmedo, se lo lavó cuando el sol se iba y se iba el calor de angustia. Y con el largo pelo que le moja la blusa, parece que se le refresca el rostro. Querría llevar güipil, doña Francisca, su güipil de mujer mam, de su abuela, de su madre. Pero después de la huída hacia Méjico, y después de la vuelta a su Guate, ya no hay telas.
Doña Francisca, sentada quieta en el banco, medio cierra los ojos. Mujer chaparra, chapina mujer, de liso, largo, negro pelo, de afable cara, de mirada experimentada. Sus manos pasan de toscas y duras a la más suave dulzura con facilidad; del duro trabajo en la milpa, manos de mujer de maíz, al acariciar maternal o al saludo con alguna de sus compañeras. Doña Francisca habla tocando a la gente, hablan sus manos llenas de tradición maya.
En estos atardeceres, la mujer evoca su pasado. Sin buscarlo ni quererlo éste aparece. Ella lo acepta y lo escucha, sentada en su banco.
« II CIPE suspende su fase presencial | Voces desde el caos »




ramu, esta entrada se sale. se sale por todos lados.
[...] interés, separando los blogs de amigos de los del trabajo… pero “ni modo”, que dirían mis cuates: de vez en cuando hay que revisar tus fuentes y eliminar las que te llenan de [...]