“El pasado domingo volcó una patera a veinte metros de la costa de Lanzarote. Murieron veintuna personas. Dieciséis de ellas tenían entre 4 y 17 años. Venían familias enteras. Hoy (añado, vista la confusión) martes, dos días después de la tragedia aunque aún se siguen recuperando cadáveres, ni siquiera está en la portada de la edición digital de los principales periódicos españoles”.
Lo escribe Patricia Simón en Bestiarios. En un crudo post cargado de verdad.
“Hoy, y casi cada día, nos debería dar vergüenza estar rodeados por un mar que está sirviendo de fosa común a Europa. Algún día, tendremos que pedir perdón ante los ojos de la historia y las generaciones venideras por haber sido artífices de un genocidio, el genocidio del continente africano que, en su huida, nosotros no ponemos más que muros. Y qué bueno que tenemos un océano de por medio que nos hace el trabajo sucio sin tener que mancharnos las manos de sangre. Pero no nos engañemos. La sal con la que se impregna nuestro cuerpo cuando nos bañamos en el mar, es ahora también las lágrimas de esos niños que se ahogaron ayer a veinte metros de la orilla europea, es el llanto de una mujer aferrada a su vientre materno mientras se hunde, es el llanto silencioso del hombre que muere recordando a su mujer y a sus niños. ¡Maldita sea!”



