El primer teletipo de Efe titulaba así: “Un joven muerto y dos graves tras un enfrentamiento entre bandas en Legazpi”. Y así titularon ABC, El Mundo y también El País. (La Vanguardia tituló cautelosa: “Una pelea en el metro de Madrid termina con un muerto y ocho heridos”, e intentó explicarse en el subtítulo: “La riña fue entre un grupo que se dirigía a una manifestación contra la inmigración y unos jóvenes que iban a una concentración con lemas contrarios al racismo”. Aún así, en el cuerpo de alguna de las noticias que se publicaron a raíz de lo ocurrido se coló el término de Efe: “bandas”. Entono un mea culpa.)
Al poco rato se supo que lo que ocurrió es que se encontraron grupos de dos manifestaciones diferentes. Una, racista; la otra, antirracista. Por qué no se previno que tal encuentro ‘fortuito’ podía suceder, sería la pregunta. Pero no. La necesidad imperiosa de exculparnos de una muerte nos condujo, otra vez, a hablar rápidamente de las peligrosísimas ‘bandas juveniles’.
Ocurrió que en el metro de Madrid un soldado apuñaló a un joven de dieciséis años que iba desarmado, pero pasamos todo el domingo pensando que dos bandas juveniles se habían liado a hostias, simplemente porque así son los jóvenes – liantes- y porque así son las bandas – peligrosas.
“Sobre las bandas, se ha conocido que la banda a la que pertenecía el neonazi era una banda armada, se llama Fuerzas Armadas Españolas, el acusado es miembro del Ejército de Tierra”, escribe Pascual Serrano.
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