Mario Mejía era un hombre tan alto y misterioso como bueno y valiente. “Soy de origen de pobre y campesino”, solía decir. Pero de pobre no tenía nada, su riqueza humana lo hacía multimillonario. Y su orgullo campesino era lo que lo hacía invencible.
Él fue, durante años, el coordinador del área de educación de COMADEP, una ONG chapina nacida en México, como muchos de los hijos de la Guatemala de hoy. La organización nació de la propia necesidad de organizarse como refugiados: 36 años de masacres indiscriminadas obligaron a miles de guatemaltecos a cruzar la frontera, dejando detrás miles de muertos y casas quemadas, y teniendo delante un futuro más que incierto. Organizados en cooperativas, los campos de refugiados fueron la universidad de mucha de la gente que allí vivió. Y cuando, en abril de 1995 empezaron a retornar las primeras familias a Guatemala, COMADEP fue una de las organizaciones que contribuyó a planificar el retorno.
No fue un retorno fácil, me contaba siempre Mario. Los acuerdos de paz habían sido firmados en papel mojado: los asesinos recibieron la impunidad y las víctimas más injusticias. Tuvieron que empezar de nuevo, en pedazos de selva virgen que injustamente tuvieron que volver a comprar. Pero, como decía Mario, “de maíz y con esperanza, los guatemaltecos empezaron a reconstruir de nuevo sus comunidades”.
Desde aquel momento, COMADEP trabajó persiguiendo unos objetivos claros: potenciar la participación política, social, económica y cultural de los pueblos indígenas, y concienciar a la población de la igualdad de derechos y del derecho a justicia por los crímenes del pasado.
Yo conocí a Mario cuando él se encargaba del Programa de Profesionalización de Promotores Educativos. Se trataba de dar los títulos merecidos y la formación necesaria a los que tan heroicamente estaban ejerciendo de maestros en las comunidades. Tuve la suerte de trabajar con él durante varios años y aquello fue una de las mejores cosas que he hecho en mi vida.
De entre todos, me enorgullece especialmente el proyecto ‘Recuperación de la Historia Viva’, que iniciamos en 2004 con Mario, Rhys Evans y la ayuda de Jesús Mesa. “Es necesario que Guatemala empiece a construir sus propios conocimientos; tenemos que dejar de enseñar en las escuelas la lista de los reyes Godos y empezar a recuperar nuestra verdadera memoria histórica”, nos decía siempre Mario. Y quisimos intentar conseguirlo con este proyecto.
Lo expliqué en su momento en un artículo que hoy quiero recuperar para seguir recordando a Mario. Porque Mario se ha ido y le voy a echar mucho de menos.
- ‘Voces Lacandonas’, publicado en Memoria del Futuro (Zona arroba) el 2 de septiembre del 2005






Com tu ja saps al Mario sols el vam veure un dia molt calorós de camí cap a una comunitat de retornats. Home de loquacitat important i que desprenia una forta vitalitat, això ens va sembla. Llàstima que desapareguin gent com aquesta que sempre va lluitar per fer més fàcil el retorn dels desplaçats.
Lo conocí hace nuchos años, por los 70, los dos éramos cooperativistas y en uno de esas capacitaciones nos conocimos. Cuando regresé del exilio en México, empezamos a trabajar en Petén con los retronados que se ubicaron en ese departamento al norte de Guatemala. Nuevamente nos vimos, él estaba trabajando en FEDECOAG y lo invité a trabajar en COMADEP, ya estaba haciendo desde hace bastante tiempo un trabajo voluntario a favor de los retornados en esa región. Aceptó gustoso y empezó con nosotros, primero como coordinador de proyectos productivos, en donde tenía mucha experiencia, depués como coordinador regional de la institución y los últimos seis años como coordinador del programa de profesionalización, un programa que se inició en Mex. con promotores de educación en su mayoría indígenas y que logró que obtuvieran su título de Maestros de Educación Primaria Rural Bilingüe, ésto fue su mayor realización dentro de la institución, no solo porque era maestro de educación, sino porque le apasionaba la educación en todo sentido.
En realidad, quienes conocimos a Mario Mejía, coincidimos no solo en que era un gran profesional, responsable y capáz, sino sobre todo por su gran calidad humana: de origen campesino y no dejó de ser campesino; sencillo en su forma de ser y de ver las cosas de la vida, para buscale siempre una salida sencilla y sabia a los mayores problemas; como buen campesino era obserbador al extremo, de manera que no se anticipaba nunca a dar opiniones a priori, siempre fue reflexivo y cuidados de no herir con sus comentarios, sin dejar de ser autocritico y crítico. Era increible escuchar sus anécdotas, historias, experiencias, charlas, dibujando y desdibujando las ideas. Caminar en la selva con él, era todo un aprendizaje, no solo por sus narrativas, sino por el conocimiento de las plantas y sus utilidades, los riezgos de la selva y como afrontarlos etc.
Realmente era un gran hombre, un gran amigo, un especial hijo. Adoraba a su madre con quien vivía.
Cuando me avisaron de su accidente, me quedé frío, hacía dos días que le había hablado por teléfono, ésta vez para invitarlo a que nuevamente trabajara con COMADEP en un programa nuevo de Educación Virtual, de alguna manera como continuidad a la buena experiencia de Profesionalización en donde él fue coordinador, quedamos en vernos en cinco días y ya no fue posible.
Fui a su cepelio, fue conmovedor ver tanta gente de su pueblo que lo lloraba, saludé a su madre y no pude decirle nada. El féretro se llevó a un Instituto Básico del cual fue fundador. Hubo muchas expresiones de tristeza y grandes recuerdos, todos coincidian en que era un gran hombre. Te recordaremos siempre Mario, te llevaremos en nuestro corazón y jamás las huellas que dejaste en esas selvas se borrarán. Hasta pronto Mario.
Mario Mejía fue un gran personaje, un mito, una realidad y un gran influyente en la política, en la educación y en en ámbito social de su región. Comparti con él en varios ocasiones, por cuestiones de trabajo, pero siempre estaba disponible, era creativo, innovador. Su recuerdo vivirá en todos los que le conocimos y aprendimos de su personalidad.
Jordi, Alberto, Erik,
gracias por vuestros comentarios.
Ciertamente, tuvimos todos mucha suerte de conocer a Mario.