Londres

El 7 de julio del 2005, hace hoy 4 años, el terror llegó a Londres. La ciudad sufrió uno de los ataques terroristas más sangrientos de la historia del Reino Unido.

En un primer momento, los grandes medios de comunicación británicos se sumaron a la política oficial de las autoridades: dosificar la información hasta que todo no estuviera bajo control. Así lo describió Hinde Pomeraniec: “Durante horas los títulos hicieron referencia a la ‘enorme tragedia’ sin dar cifras de víctimas. Y más tarde se sostuvo el número de dos muertos por bastante tiempo (…) Mientras esto ocurría, ejércitos de periodistas aficionados lanzaban sus textos en diferentes blogs”.

Eso ocurría en Inglaterra. En el resto del mundo, los medios acudían, precisamente, a esta información colgada espontánea y masivamente en la Red: “Diarios del mundo reforzaron sus coberturas instando a los internautas a enviar testimonios desde Londres, lo que reforzó la idea del rol activo que tomaron los ciudadanos”.

Un rol activo que sale a la luz cada vez que la realidad sacude a una sociedad. Hablemos de Tiananmen, de Honduras o del avión del río Hudson, los ciudadanos siempre se han lanzado a narrar “la realidad”. Antes, con menos medios; hoy, con herramientas cada vez más accesibles y rápidas.

Siguiendo con Londres… un artículo publicado en la Comunidad Hemeroteca, resume la cobertura que hizo La Vanguardia de los atentados:

7-J: el terror llega a Londres

No fue en día 11, si no un día 7. El 7-J. Los atentados del 2005 en Londres mataron a 56 personas, hirieron a otras 700 y paralizaron la ciudad. El día siguiente, la portada de La Vanguardia no se diferenciaba mucho de la que, sólo un año antes, había anunciado los atentados de Madrid. En la memoria de la opinión pública internacional apareció, de nuevo, el recuerdo tanto del 11-S como del 11-M.

Del éxtasis a la tragedia
“La capital inglesa sufrió el zarpazo del terrorismo en carne propia al día siguiente de conquistar los Juegos Olímpicos del 2012″ - escribe el periodista Rafael Ramos- “Del éxtasis a la tragedia hay un solo segundo (…) Londres todavía se preguntaba si la nominación olímpica era sueño o realidad cuando el 7-J se convirtió en la versión inglesa del 11-S o el 11-M”.

La crónica del corresponsal narra el horror de aquella trágica mañana. La primera explosión fue a las 7.51 y la última a las 8.47. “Los habitantes de Londres se dirigían al trabajo cuando la primera de cuatro explosiones -tres en el metro y la otra en un típico autobús de dos pisos- puso en vilo el corazón de la ciudad. La versión inicial de una sobrecarga eléctrica cedió paso en seguida a la confirmación de un atentado terrorista que funcionarios del Gobierno atribuyeron a grupos fundamentalistas, sin considerar tan siquiera la posibilidad de que el IRA tuviese algo que ver en el asunto. Fueron rápidos, contundentes y directos”.

A partir de aquí, y como si se estuviera siguiendo el guión marcado en Madrid o en Manhattan, las páginas de los periódicos se llenaron primero de testimonios de víctimas y familiares y, luego, de intentos de explicar lo inexplicable.

Periodismo espontáneo en la Red
Mientras no llegaban las explicaciones oficiales de lo que había ocurrido, los ciudadanos tomaron la palabra. El día 9 de julio, el artículo ‘Periodismo Participativo en tiempos de desastre‘ describe como, durante las horas de silencio oficial sobre los efectos del atentado, los usuarios de internet crearon las noticias.

“Es probable que el pasado jueves haya sido el día de la consagración del periodismo espontáneo” - escribe Hinde Pomeraniec - “Mientras las grandes cadenas internacionales daban información del ataque en Londres con cuentagotas y recortaban las imágenes más duras, miles de internautas se reunían en la red para pasarse datos, colgaban las fotos que habían conseguido tomar con sus teléfonos celulares en los sitios afectados, se convertían en cronistas repentinos y se ponían incluso a la vanguardia en cuestiones más intensas, como el análisis de lo sucedido”.

En Inglaterra, mientras los medios dosificaban la información, los ciudadanos hablaban. “Las grandes cadenas se sumaron a la política oficial de las autoridades británicas sin cuestionamientos inmediatos. Durante horas los títulos hicieron referencia a la ‘enorme tragedia’ sin dar cifras de víctimas. Y más tarde se sostuvo el número de dos muertos por bastante tiempo, al menos en los sitios on line de los medios tradicionales y en los informes de las agencias de noticias. Mientras esto ocurría, ejércitos de periodistas aficionados lanzaban sus textos en diferentes blogs”.

Y en el resto del mundo, los medios acudían, precisamente, a esta información colgada espontánea y masivamente en la Red: “Diarios del mundo reforzaron sus coberturas instando a los internautas a enviar testimonios desde Londres, lo que reforzó la idea del rol activo que tomaron los ciudadanos (…) Muchos sitios convencionales ofrecían links que remitían a sitios como flickr.com, en donde los usuarios bajan sus fotos, entre las que hubo imágenes que ninguna agencia pudo captar”.

Sin política ni banderas
Los atentados de Londres fueron portada en La Vanguardia durante 10 días seguidos. La policía buscaba a los culpables, los vivos lloraban a sus muertos, los transeúntes depositaban ramos de flores en la estación de King’s Cross y La Vanguardia iba dando cuenta de todo ello. En medio de tanta información, una reflexión interesante: “Los británicos, empezando por Tony Blair, no han politizado las bombas del 7-J. No ha habido recriminaciones partidistas ni explosiones de fervor nacionalista como en algunos sectores de la sociedad norteamericana tras el ataque a las Torres Gemelas. No se ven banderas de la Union Jack ni hay convocadas manifestaciones para denunciar el terror. El propio primer ministro, desde una posición de altura moral, ha dado instrucciones precisas a todos los ministros y secretarios de Estado para que no utilicen políticamente los atentado, y bajo ninguna circunstancia aprovechen el drama a fin de justificar a posteriori la guerra de Iraq, recortar las libertades civiles u obtener apoyo para la imposición de un carné de identidad obligatorio”.

Un millón de amapolas contra el terror
Ya el mismo día 7, Al Qaeda reivindicó los atentados. “Ha llegado la hora de la venganza contra la nación cruzada sionista de Gran Bretaña”, decía en Internet un grupo que se identifica como Organización Al Qaeda en Europa- “Los ataques son una respuesta a las matanzas llevadas a cabo por Gran Bretaña en Iraq y en Afganistán” (…) “Seguimos advirtiendo a los gobiernos de Dinamarca, Italia y todos los gobiernos cruzados que correrán la misma suerte si no retiran sus fuerzas de Iraq y Afganistán”.

La policía apunta a terroristas suicidas; convirtiendo así el 7-J en los primeros atentados suicidas en Europa occidental. “No hay mayor terror, decía Oscar Wilde, que aquel que lleva a la indecisión y la duda. Y ayer Scotland Yard resolvió muchos de los interrogantes que penden sobre el 7-J al informar de que los cuatro responsables de la matanza fueron suicidas británicos, con toda seguridad de origen pakistaní, y murieron en el escenario de sus crímenes”. Identificados los cuatro “ejecutores”, Gran Bretaña empieza a buscar entonces al quinto hombre. Al cerebro de los atentados.

Las investigaciones avanzan y el pueblo responde al terror “con un millón de amapolas”. Las manifestaciones de repulsa a los terribles atentados no si hicieron esperar y fueron multitudinarias. “Los británicos no saben si los terroristas son nacionales o extranjeros, pero sí saben que hubo víctimas de todos los credos y nacionalidades. No saben si volverán a atacar, pero están de acuerdo con el primer ministro en que toda la seguridad del mundo nunca será suficiente. Saben que la mayoría de musulmanes critica duramente las guerras de Iraq y Afganistán, pero que sólo una pequeñísima minoría se plantea tan siquiera justificar la violencia. Saben que la amenaza requiere medidas severas, pero no hasta el punto de destruir las libertades que han definido la identidad del país”.

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